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Vacaciones en Ibiza. Destino ideal para 2020

Ibiza soñada

Playas edénicas al borde del calmo Mediterráneo. Una ciudad bulliciosa y festiva. Una ciudadela antigua que conserva las huellas históricas de un pasado multicultural. Una variedad de escenarios que la modelo visitó en busca de descanso, naturaleza, arquitectura y noche. Todo en la isla española.

Aguas azul turquesa de una transparencia única. Una isla de colinas recubiertas por pinos que llegan hasta el mar. Este paradisíaco paisaje es el que propone Ibiza, aún antes de bajar a tierra, cuando el avión sobrevuela el lugar. A mitad de camino entre la Península Ibérica, el sur de Francia y el norte de África, surge imponente junto a sus hermanas, las otras Islas Baleares: Mallorca, Menorca y Formentera, España. Hasta ese turístico punto del Mar Mediterráneo se trasladó en julio pasado, hipnotizada por la belleza de las playas y la particularidad de su cultura, Lorena Ceriscioli, la blonda modelo que asume el compromiso de desmitificar esas tierras a las que todo el mundo refiere como el reino de la noche y el descontrol, características que se han convertido casi casi en una marca registrada. “Fue un viaje muy esperado porque no me tomaba vacaciones desde hacía cuatro años. Fui una semana con mi amiga Mónica Zambrana, con destino ¡Ibiza! Sé que hay muchos tabúes con el lugar: cuando te dicen Ibiza pensas noche, más noche, descontrol, caos, alcohol…Pero les quiero contar que Ibiza es mucho más y mejor”, afirma Ceriscioli que se hospedó en el hotel Pachá, invitada por Ricardo Garriga, del Grupo Pachá y Guga Pereyra, a quienes recuerda.
Una semana de clima templado, en estas tierras en donde brilla el sol 300 días al año alcanzó para que la modelo llegara realmente a conocer las entrañas de la llamada “isla de los pinos”.

Los misterios tras la muralla

Ibiza destila pasado. En cada rincón de la isla, se respiran las influencias de cada una de las civilizaciones que la habitaron: árabes, fenicios, musulmanes… pero hay un sitio donde el calendario parece volver atrás. El imponente portal de Ses Taules, coronado por un escudo de Felipe II y flanqueado por dos estatuas de mármol, inunda la vista con un mundo mágico.

Tras la muralla renacentista se oculta Dalt Vila, la antigua ciudadela. “Impresionante, lleno de casonas y casitas típicas, además de galerías de arte, gastronomía y comercios. Es más que difícil elegir en donde sentarse para comer un sandwich de jamón ibérico, acompañado por cervecita”, relata Lorena, quien transitó esas ascendentes calles estrechas, colmadas de color y balcones en donde la ropa se seca con el vaivén tibio y calmo del Mediterráneo. Para recorrer esta zona y visitar cada uno de sus edificios históricos, son cuatro las horas necesarias. El itinerario permite acercar los pasos hasta la sobria Catedral y su Museo; el Castells, la construcción más elevada de la ciudad construida entre el siglo VI y XVIII; el Ayuntamiento; la iglesia de Santo Domingo. “El paseo no tiene desperdicio. Y una vez que terminás, al costado del acceso principal a la ciudadela, ¡hay un cafecito muy tradicional, que es interesante por sus tortas y capuccinos!” Antes de emprender el regreso, es imperdible la vista panorámica del puerto y los entornos de la ciudad, así como una visita al antiguo barrio de pescadores, hoy devenido conglomerado de locales, bares y tiendas, justo al pie de la colina.
Más allá, hacia el oeste, se deja ver “Passeig de Vara de Rey”, elegante avenida pletórica de estilo que se convierte en el pasaje de transición entre la Ibiza antigua y la ciudad nueva.

La costa ibicenca

Finas arenas de un blanco impoluto, aguas calmas y tibias y una temperatura que promedia los 17° a lo largo del año, seducen a turistas ávidos de relax y disfrute. Son muchas las opciones que brinda la costa ibicenca. Entre todas destaca Ses Salines, un área de Reserva Natural en donde son habitué las aves acuáticas migratorias, que posan sus alados cuerpos para descansar de la fatigosa tarea del vuelo, acompañando las jornadas de aquellos que se entregan al sol “al desnudo”, haciendo honor a la fama del lugar, primera playa nudista de España. Ses Salines junto a Des Cavallet, la playa contigua, “están llenas de gente joven con mucha onda. La playa es amplia y hay muchos nudistas. El agua tibia, increíblemente transparente y sin olas”, relata fascinada la modelo. A 10 kilómetros de San José, por un camino sinuoso de curvas y contracurvas, en medio de típicas casas de pescadores, surge el mar que baña Cala d’Hort, uno de los puntos más apartados de la Ibiza bulliciosa. “Menos playa, más piedras, gente más grande y agua igual de bella”, son las características de estos lares, como señala Lorena al recordar su paso por el lugar. El escenario se completa con la vista del impactante Es Vedrà, un islote rocoso que se levanta justo frente a ella para engalanar, aún más, las aguas mediterráneas que sirven de hogar a las bellísimas islas Baleares.